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MIS OBSESIONES

Chicas de universidad (Friquis de universidad III)

Sólo queda terminar esta serie de artículos examinando los elementos femeninos que estudiaban en la universidad. Y por suerte fui a una universidad de letras, porque si hubiese estudiado informática no podría escribir este artículo. Entrar por primera vez en un lugar donde el 75% de los estudiantes son alumnas suele producir una sensación gratificante, que poco a poco, a medida que pasan los días, deja colarse la sombra de la inquietud a la vista de que la masa femenina es demasiado heterogénea y roza toda clase de extremos.


¿Qué dices? Yo estudié informática y en mi universidad sí había algunas tías.

Así que sólo citaré por encima a esas chicas con atuendos jipis, punkis o cualquier otro estilo pretendidamente antisistema y que andan siempre dando la nota haciendo comentarios a favor de que se estudie a determinadas autoras, proclamando las cadenas culturales que siempre han frenado a la mujer y acudiendo en rebaños a las conferencias de Isabel Allende; y tampoco me referiré demasiado a las que se levantan antes de que amanezca para terminar de pintarse, elegir el vestuario adecuado y acudir a la universidad como si fueran a ser retratadas en la portada de Cosmopolitan; mención aparte merecen las que no sienten ningún tipo de aprecio por la materia que estudian, y están allí sólo por hacer algo y porque la nota les llegaba, con la esperanza de cambiar a otra carrera más guay al año siguiente; y mucho menos aún hablaré de las que, cual apariciones fantasmales, se cuelan en clase los últimos días antes de los exámenes para pedir los apuntes a cualquier desconocido y demostrar que mientras haya pardillos, no hace falta tomar apuntes para aprobar. Tampoco hablaré, desde luego, de la famosa chica que, después de una diarrea inesperada, se limpió con el calcetín y se lo volvió a poner.


Me gusta ir arreglada a la facultad, porque soy una persona adulta y pertenezco a la elite.

No lo haré porque, en mi opinión, las auténticas estrellas de la universidad son las friquis. Escapan a cualquier tipo de mediocridad y todos se habrán fijado en ellas tarde o temprano. Y en algún momento de una conversación, en el bar o en el patio, alguna de ellas será nombrada, y todos asentirán con complicidad porque nadie habrá podido dejar de fijarse en semejante aberración social. Directamente venidas de los reductos de los inadaptados de instituto, con un amplio historial a sus espaldas de burlas y crueldades en el peor de los casos, y de férrea indiferencia en el mejor, pasean por la universidad como con vergüenza, conscientes de su condición de outsiders y de que en las aulas transcurre su única vida social.

Las friquis de película independiente suelen ser inadaptadas, pero guapas o, como mínimo, atractivas. Esto demuestra que son pura ficción, porque normalmente, casi en el 99% de los casos, son no sólo feas, sino muy feas, feísimas, con un tipo de fealdad que empuja a la reflexión y que recordamos con la misma viveza aun después de pasados los años. Puedo poner el caso de dos hermanas mellizas, de rasgos muy distintos pero que, sorprendentemente, ofrecían el mismo resultado antiestético. Una de ellas, incluso, tenía unos pelajos largos y retorcidos en la barbilla. Estudiaban mucho y se llevaban de calle todas las matrículas de honor. Podría decirse que, para ellas, el hecho de ser brillantes en los estudios venía a ser algo así como una venganza personal, una revancha que buscaba la perfección, un poco de luz en su deteriorada autoestima y, aparte, una distracción en sus desocupados momentos de ocio. Recuerdo que una vez una amiga, hablando de ellas, me dijo, en un alarde de compasión: "Me dan mucha pena porque son muy feas". Y esto me trae a la memoria una de las audaces convicciones de un jefe que tuve hace unos años: "No quiero contratar a chicas feas porque pierden tiempo de trabajo leyendo revistas para mejorar su imagen".


Sábado por la noche. Es hora de estudiar.

También puedo hablar de Maribel, una absoluta garrula de la que siempre me pregunté cómo había logrado superar ya no la selectividad, sino cualquier curso de primaria. Imprevisible, impulsiva, proclive al lloro fácil y al insulto irreflexivo, sentarme a su lado durante todo un cuatrimestre me proporcionó un espectáculo único e irrepetible. Trabajaba a tiempo parcial en un Bocata, así que siempre llegaba a clase impregnada de un sutil aroma a aceite frito. Decidí alejarme de su asiento después de que dejara de hablarme varias veces por motivos que sólo ella comprendía, de que no parase de tirar a propósito su bolígrafo al suelo para agacharse y comprobar si le estaba observando las bragas y, sobre todo, de que una vez irrumpiera en el aula de informática y me gritase que era un capullo para después dar media vuelta e irse, y todo porque había olvidado que había quedado con ella a la salida de una clase para pasarle unos apuntes.


Las de las películas no son así.

Había muchas más friquis. Por ejemplo, la treintañera que siempre asistió a las clases con el mismo raído chándal gris del Colacao. O una mujer que venía las clases de sintaxis y que, como decía una amiga, no sólo tenía el mismo rostro que Galindo -el de Crónicas Marcianas- sino que además hablaba igual que él. O la mujer madura y entrada en años y en kilos que sólo intervenía en las clases para defender el españolismo con una voz asombrosamente parecida a la de Zaplana. O para acabar, y para mí la mejor de todas, la que se sentaba en el asiento de delante en las clases de teatro. Recuerdo que cada martes y cada jueves mantenía el mismo nivel de caspa en su cabello, negro y enmarañado, y que tenía todos los padrastros de las uñas -con las puntas negras, cómo no- levantados a niveles inverosímiles, hasta el punto de que se torcían en espirales. Mantener esa peculiar opción estética durante todo el curso tuvo que suponerle un esfuerzo al que aquí, para terminar ya con la serie de la universidad, expreso mi más sincera admiración.

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9 comentarios

Anie -

ustedes no van a estudiar, a lo q van es en fijarse en si hay tias buenas o no, y si no ven tias lindas entonces a menospreciar hipocritas!!!

Chandler M. Bing -

Definitivamente, tu idea de friki es bastante diferente a la mía. Si ser una chica fea o inadaptada es ser friki...
Ah, y no en todas las carreras de ciencias hay chicas feas (ni en todas las de letras hay chicas guapas)

Mr. Glasshead -

"Las frikis son medianamente guapas y andan con la cabeza bien alta,ya que sus atuendos denotan que están por encima de la insulsa masa que somos los que no destacamos". Son, yo creo que éstas en realidad no son friquis de verdad, son chicas que usan lo friqui para convertirlo en algo cool, son friquis de mentirijilla.

Cunyatman, lo cierto es que yo en realidad tampoco necesitaba demasiado esta protección, porque nunca he tenido spam. Pero bueno, ya que está... Lo que cuentas de Telecos confirma lo que suele ocurrir en este tipo de carreras respecto a la ausencia de chicas.

Navis, pues puede ser, lo cierto es que no recuerdo sus nombres, pero lo de María me pega bastante y, en efecto, responde bastante a la descripción que me das, aunque ten en cuenta que su hermana no se parecía en nada a ella. No las volví a ver, las perdí de vista en cuanto terminé la universidad.

Yo sólo traté a una punki, Civ, y porque sorprendentemente era amiga de una amiga mía que llevaba un rollo bien distinto. Lo cierto es que sólo tenía de "punki" la pinta, lo que quizá facilitó que se pudiera hablar con ella.

Y Tarta Sacher, jeje, el Club de la Comedia es algo tan especial... Me ha hecho gracia ese comentario.

Tarta Sacher -

Enhorabuena tío, creo que ya tienes asegurado un puesto en el Club de la comedia.
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Civ -

La verdad es que las has definido bastante bien, no creo que te falte casi ninguna.

Supongo que todos tenemos nuestras anécdotas. Yo me acuerdo especialmente de dos compañeras con las que me senté durante dos cursos distintos, y que eran totalmente opuestas. Una era de las que llamas punki antisistema y al verdad es que me lo pasé bien con ella, aunque venía muy fumada a clase y se estaba riendo todo el rato sin motivo. Justo al año siguiente, me senté junto a la otra, que era de las que colaboraba en la iglesia y asistía a todas las manifestaciones contra el "siego terrorismo". Y la verdad es que también me llevé bien con ella.

Navis -

Por cierto, una de las mellizas horribles no se llamaría pos casualidad María? Cabeza desproporcionadamente grande, gafas, fea por encima de la media, matrículas continuas y un insoportable aire de superioridad? Años después de acabar la carrera todavía andaba por la universidad, vestida como si tuviese cincuenta años. Seguramente consiguió su sueño, entrar a trabajar en algún departamento para esparar que muera algún profesor y ocupar su plaza!

Cunyatman -

Con este artículo ha quedado completo el repaso a todos los frikis.

Cuando entre en la escuela de Teleco, el 90% eramos tios y las chicas solian ser bastante feas. No exagero si digo que habían tan pocas tías "buenas" que nos referiamos a ellas (2) como: la rubia y la morena. Y la morena tampoco me parecia guapa, de paso sea dicho...

Cuando salí de allí al cabo de muchos muchos años, ya entraban bastantes mas mujeres, símbolo de que la igualdad nunca fue buena, ya que se metían en el peor de los sitios para desperdiciar tu vida...

La frase "Con un tipo de fealdad que empuja a la reflexión y que recordamos con la misma viveza aun después de pasados los años" es de matrícula, Mr. Glasshead.

Delante de mí se sentaba una chica, se llamaba Librada, era fea "reflexiva" y su compañera, apodada el "huevo kinder" por los sempiternos pantalones negros a los que sobresalian unas bragas blancas de talla XXL.

Estas ninfas se giraban constantemente a pedir que nos callasemos, aún recuerdo a Librada girándose y sonriendo, llevaba aparato de metal y unas horribles babas le colgaban entre los brakets...

Aún tengo pesadillas...

saludos

PD: la protección antispam es bastante engorrosa, pues perdi un comentario largo por ella...

Anónimo -

son. -

ahora ya no hay tanta fealdad. Las frikis son medianamente guapas y andan con la cabeza bien alta,ya que sus atuendos denotan que están por encima de la insulsa masa que somos los que no destacamos.
Respecto a lo de tu jefe, las guapas utilizan más tiempo para arreglarse porque sus ambiciones estéticas no tienen límites. En cambio las feas, después de la adolescencia empezaron a desarrollar cierta madurez intelectual: dícese de la resignación, y dejaron de soñar con ser "una tía a la que se miran los tíos".
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