MIS OBSESIONES

El blog que se ríe gratuitamente de los estereotipos

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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2005.

02/05/2005

El anticatalanismo (I)

Mientras elaboro el siguiente post, me encuentro, leyendo la versión digital del diario As, periódico deportivo conocido por su firme adhesión al Real Madrid, con que la crónica del partido que disputó ayer el FC Barcelona contra el Albacete, firmada por un tal Fabián Ortiz, empieza así:

"Campeones, campeones, oé, oé, oé!". Tienen tantas ganas, hace tanto tiempo (seis años), que el grito les surge de las entrañas como aquel alien baboso de la primera película de la serie. Irrefrenable. Aunque todavía no estén legitimados para dejarse ir."

Ya no comentaré que esos "seis años" en realidad son cinco, ni haré referencia a que una pluma tan sibilina no oculta una rabia incontrolada no propia de un profesional. Al contrario, sólo diré que nunca he leído que se hablara así de la afición del Real Madrid en diarios tan claramente probarcelonistas como El Mundo Deportivo o el Sport. Una cosa es hablar en términos deportivos y ser más o menos tendencioso y, otra muy distinta, faltar al respeto de esa manera desde uno de los periódicos de mayor tirada nacional. Está claro que el anticatalanismo vende en el resto de España, pero esos extremos me parecen más bien descerebrados.

Así somos los catalanes, aliens babosos de instintos irrefrenables. Lo más grave es que siempre hay gente que ríe la gracia.
02/05/2005 11:38 #. Hay 1 comentario.

05/05/2005

Viajar en trenes de cercanías

Como usuario de los trenes de cercanías de Renfe que he sido durante años, no voy a hablar hoy aquí sobre las peculiares condiciones del servicio que esta empresa ofrece a sus clientes (trenes anulados sin motivos, retrasos de varias horas, vías fuera de funcionamiento, infraestructuras tercermundistas, precios abusivos, menos vagones de los necesarios en horas punta, etc.). Por el contrario, trataré el micromundo que se forma en torno al viaje en tren de cercanías: tipos sociales, actitudes y relaciones que se dan entre ellos.


Renfe, donde calidat y servicio se dan de la mano.

Cualquier día entresemana. Dos de la tarde en la estación de tren de Plaza de Cataluña, en pleno centro de Barcelona. La gente se agolpa en el andén. Abundan estudiantes y empleados trajeados. Pero también viejos, marujas y garrulos de distinto pelaje. Algunos de estos últimos escupen a la vía. Las marujas empiezan a expulsar adrenalina y a sudar. Hay ratones cruzando la vía. Las luces del tren aparecen al fondo del túnel.

Éste es el momento de mayor tensión. La gente se aprieta junto a la vía. En cuanto aparece el tren, hay dos cosas que quedan en evidencia: demasiados pocos vagones en relación no sólo con la gente que espera fuera, sino con los que ya están sentados en el interior. Quedan pocos asientos libres. Cuando el tren se detiene y se abren las puertas, empieza la lucha por la vida.


Weeeeee! A mogollooooooooon!

Siempre hay uno -o muchos- que no respetan la norma de educación básica de dejar salir antes de entrar. Suelen ser los tres especímenes siguientes:

1 - Las marujas/viejos. Son lo peor. Viven el instante con auténtica agonía. Empujan, insultan, dan codazos si hace falta, todo por encontrar un asiento que dé cobijo a sus, por lo general, abundantes posaderas y varizosas piernas. Sorprendentemente, veremos cómo una maruja que se ha peleado con medio vagón para conseguir su asiento se levanta a los quince minutos para salir del tren.

2 - El garrulo español. O sea, el chico de no más de dieciocho años con corte de pelo militar y un chándal con abundantes referencias a la bandera de España. Invariablemente, entrará por el centro chocando contra la gente que intenta bajar del tren. Se rebotan si se les recrimina su conducta: replicarán de manera chulesca, con esa voz arrastrada y ronca de la que hacen gala. De alguna manera tienen que descargar la tensión acumulada por llevar ya demasiado rato apartados de los ladrillos, materia prima de su ámbito laboral.

3 - Los inmigrantes. Me refiero a personas de otras razas, que quizá arrastran consigo la costumbre de su país de desplazarse en camionetas atestadas de personas, con gente sentada incluso en los parachoques. Pueden reaccionar mal si uno se mantiene firme en dejar bajar a los que están dentro. Quizá incluso insulten, pero como hablan en un idioma perdido de África nadie les entiende.


Buenos días. Soy una maruja y te voy a empujar.

Las escenas dantescas no acaban ahí. Durante el trayecto también hay subtipos prácticamente estandarizados y con comportamientos muy definidos:

1 - Las marujas llevan horribles vestidos estampados en verano, complementados con no menos horribles peinados de peluquería. Sudan. Sus conversaciones suelen ser a gritos, auténticos compendios de la incultura más profunda. Normalmente hablan de su familia o se limitan a repetir como loros la opinión popular sobre cualquier tema. Cuando hay alguna pelea en el vagón, toman partido por alguna de las partes y claman su opinión a los cuatro vientos. Lo mismo hacen cuando se indignan por cualquier alteración en el funcionamiento normal del tren (algo, por otro lado, bastante frecuente), de manera que contagian con facilidad su nerviosismo a los demás.

2 - Los viejos no sólo molestan a la hora de subir al vagón. Una vez dentro, su tendencia a llevar consigo infinitas y abultadas bolsas de plástico, repletas de lechugas, tomates o alimentos en conserva, se hace muy irritante si estás sentado frente a ellos, ya que obliga a recoger completamente las piernas. Además, suelen obviar cualquier tipo de noción del sentido común y dejan desparramadas sus bolsas en medio del pasillo, añadiendo aún más dificultades a la complicada tarea de salir de un vagón atestado si no se está cerca de la puerta. Sin embargo, al parecer son mucho peores en el autobús, auténtico gueto de poder senil, y que por fortuna yo no suelo tomar.


¡Wuajala! ¡Bulula! ¡Molutu! (subtítulo: "¡Sube ya, cabrón!")

3 - Atención, porque esto no es un comentario racista. Pero hay que ponerse a temblar cuando un inmigrante de otra raza que quizá vuelve del trabajo se sienta a nuestro lado. Enseguida podremos percibir un molesto y penetrante olor a sudor, fruto, por supuesto, de sus precarias condiciones de vida, duro trabajo, etc., pero que no por ello deja de ser molesto. Por suerte, el olfato se satura enseguida y pasaremos a percibir sólo a ráfagas esos aires cargados de humedad y bacterias.

Los fines de semana el ambiente del tren se transforma. Familias que van a la ciudad a ver una película de cine, personas que acuden a ver a su pareja, y, especialmente, las estrellas absolutas, grupos de jóvenes de no más de veinte años que van o a la discoteca o vuelven a casa. Parecen todos cortados por un mismo patrón: oriundos de la ESO, hablantes de un castellano de pura raíz garrula, expertos conocedores de los peores programas de televisión, poseedores de un caudal de lecturas acaso microscópico, y usuarios de unos valores vitales que se fundamentan en los tópicos más manidos del cutrismo (ser un hombre, ser una guarra, etc.), tienen una muy molesta costumbre: chillar. Sobre todo las chicas. Quizá a partir del grito reafirman su personalidad, tal y como hacen también algunas especies de primates. No hay broma, por estúpida que sea, que ellos no celebren a gritos o risotadas. A veces también cantan o palmean. Son arrogantes, y acostumbran a protagonizar discusiones con revisores de poco carácter por no llevar billete, sobre todo cuando regresan de la discoteca.


¡Qué pachaaaaa, neeeeeng! ¿Me vas a multar por no llevar billeteeee, pringaooooo?

Quedan pocos rasgos del tren de cercanías por enumerar: las rumanas que dejan sus peticiones de dinero encima de la pierna, los yonquis que suben al vagón en pleno síndrome de abstinencia y que van dando tumbos -aunque son cada vez menos desde que se estableció el sistema de puertas automáticas, difíciles de sortear por alguien con tantas dificultades motrices-, los grupos de música peruanos que piden dinero por haber estado dando el coñazo durante toda una parada, los niños que se pasan el viaje berreando, los jóvenes cumbas que van de excursión y hermandad con sus mochilas... Pero no quiero cansar a los lectores. Para un próximo post quedan los friquis, los usuarios de tren más inclasificables y estrambóticos.

05/05/2005 21:16 #. Hay 4 comentarios.

14/05/2005

¡Cuánto tiempo!

Weaaa! Hacía demasiado que no escribía, por una absoluta e irritante falta de tiempo. ¡Y no es que me faltaran ideas! (espero no tener que caer nunca en lo de preguntar a los visitantes sobre qué quieren que hable...). Ahora mismo tampoco es que me pueda parar a escribir nada demasiado largo (me esperan dos partidos y una larga noche de alcohol y diversión). Pero aviso que será dentro de poco, en un artículo en el que descargaré mi habitual bilis, arbitrariedad y mala leche a niveles antes insospechados, y en el que relacionaré al insigne grupo musical Los Planetas con el inigualable, ilustre e inimitable Julio Iglesias.

Para ir haciendo boca, no puedo más que agradeceros vuestras visitas y comentarios retomando la ya vieja serie de Feos e inquietantes. ¡A disfrutar!






¡El tío Morris viene a por tiiiiii!

14/05/2005 20:34 #. No hay comentarios. Comentar.

16/05/2005

Los Planetas y Rock de Lux

Abanderados de los niños indie, apologistas enrollados de las sustancias químicas, llorones de amores adolescentes y plagiadores sin escrúpulos, el grupo español Los Planetas ha sabido hacerse un hueco en las miles de mentes tempranas de la Universidad, que han asociado cada momento de su vida a una de sus canciones. Apoyados por publicaciones tan cool como Rock de Lux, que suplen su falta de identidad y de cultura musical con un obsesivo apego a la última tendencia y a un filogalicismo bastante superficial, no son más que un grupo de cumbas electrificados que despiden un repulsivo tufillo a intelectualismo barato. Lo mismo que la revista, vamos, que se empeña en sentar cátedra en cada cada frase, cada palabra, cada coma, y que en realidad incurre en el ridículo más profundo cuando es examinada desde un mínimo conocimiento de causa.


¿El mejor grupo español? No. Unos caraduras de mucho cuidado.

Pondré un ejemplo que viene al caso. En Rock de Lux especial 20 aniversario, en el que se hace una lista con los mejores 100 discos españoles del siglo XX (según su peculiar criterio, claro, que mezcla a partes iguales ansias de modernidad, esnobismo y la irritante tendencia a incluir discos de hip hop y flamenco para que todos comprobemos lo abiertos de miras que son), aparece en el número 18 el disco de Los Planetas titulado Una semana en el motor de un autobús. Éste es uno de los párrafos del comentario del disco:

"El disco estuvo parado cuatro meses (...) y en ese tiempo se instó al grupo a componer más temas. 'Salió Segundo premio, sin la cual el disco igual hubiera quedado supercojo', admite J (...) Segundo premio (es un) arrollador inicio."

La única canción que siempre me ha parecido mínimamente interesante de este grupo es, precisamente, Segundo premio. De ahí mi cara de estupor al comprobar que es un calco, un plagio desvergonzado, de la canción Promesses del francés Etienne Daho. Los Planetas siempre han tendido a componer canciones demasiado parecidas a otras preexistentes (recomiendo, a quien esto le interese, descargarse una carpeta con el título de Los planetas plagian, y que circula por los p2p). Pero en este caso, la copia es indignante. En el disco, se acredita la música y la letra del tema a J, el líder del grupo.


Pobre Etienne... Si supieras que aquí los jóvenes alternativos admiran tus canciones...

Un artista no plagia. El valor del arte reside en su capacidad de sorpresa, en la habilidad para llevar a cabo "artefactos" (ya sean pinturas, textos, canciones, etc.) que revelen una visión absolutamente original de las cosas, que descubran un nuevo mundo. El artista intenta alcanzar estos objetivos por sí mismo, ya que, consciente de lo que puede lograr, cualquier otro medio no le vale. Los Planetas no son unos artistas, sino unos vividores. Se aprovechan de las ansias de profundidad de los universitarios, de las chicas con gafas de pasta y chapitas que leen a Houellebecq, de los que necesitan fetiches forzados con los que forrar sus carpetas para tener alguna seña de identidad. ¿Cuántas canciones más habrán plagiado, de autores aquí prácticamente desconocidos, y que aún no se hayan descubierto?

Y Rock de Lux deja en evidencia su falta de rigor, su poca seriedad como revista. Una publicación que no deja de considerarse a sí misma como guía espiritual, como canon de la cultura moderna, y que no es capaz de descubrir esta clase de felonías -o que, por lo que sea, no quiere darlas a conocer; recordemos que no dejan de promocionar en cada número un libro sobre la vida y milagros de Los Planetas-, demuestra que detrás de su fachada intelectualoide no hay nada.

Y la relación de todo esto con Julio Iglesias? Pronto, jejeje.

16/05/2005 13:55 #. Hay 25 comentarios.

20/05/2005

Otro típico post sobre Odio

Hago un alto en el trabajo. Por unos momentos, me aparto de la extraña habilidad de algunos autores para escribir con una sintaxis robótica, farragosa, incoherente y atropellada. Y me decido a realizar un acto de amor.

Ha terminado Odio, la serie dibujada por Peter Bagge. Acabo de leer hace unas horas el último número. Impresionante, de los mejores, aunque es difícil encontrar altibajos a lo largo de toda la serie. Se trata, sin duda alguna, ya no sólo de la obra maestra de Bagge, sino de uno de los mejores cómics que se han creado nunca. Voy a echar de menos rebuscar siempre en el apartado de comics de Bagge por si ha salido el último.


El primer número: el principio de la leyenda.

Empecé a leerlo a finales de 1999. El personaje principal, Buddy Bradley, me ha acompañado desde entonces. No sólo en Odio, que explica sus experiencias desde que se traslada a Seattle, sino también los dos tomos de Buddy y los Bradley, quizá más descacharrantes pero, en sus últimas aventuras, igual de profundo y maduro que el resto de la serie. Me doy cuenta de que nunca dejo de recordar innumerables escenas extraídas de sus páginas: la fiesta en casa de los padres de Jay, la primera cita con Val, la aventura del grupo grunge, las extrañas manías de George... Y me dan ganas de explicar lo que para mí ha sido siempre el gran secreto de esta obra.


Una escena para el recuerdo: Leonard y los dioses del amor.

Estoy harto de leer que se trata de un "retrato generacional de la juventud de los 90". Para nada. O en todo caso, esto es un efecto secundario. Creo que Odio es en realidad la representación más realista y profunda de la madurez que nunca se ha plasmado en cómic. Sus páginas respiran vida. Es imposible no identificarse con Buddy puesto que, como ser humano, abunda en miserias y en inquietudes que alcanzan a todos. La vida sucede en sus historias con la misma parsimonia de la realidad: personas que son importantes en un momento determinado, que desaparecen y que luego regresan cambiadas para ocupar otro lugar diferente; ambientes distintos a medida que se madura (y es que Buddy, hacia los últimos tomos, no frecuenta las fiestas salvajes a las que nos tenía acostumbrados en los primeros: su misantropía lo convierte en, prácticamente, un ermitaño). Los personajes están vivos porque evolucionan de una manera creíble, a igual ritmo que la vida misma. Bagge cambia desde la tendencia al gag de la vida del Buddy de instituto con su familia a una lectura no tan efectista, pero que deja un sorprendente poso de realidad en sus lectores.


Esta actitud desafiante, agresiva y hostil se ha transformado, con el paso de los números, en una madurez reflexiva y activa.

Y he aquí lo que ha sido la gran habilidad de Bagge: captar algunas de las pautas de la psicología humana y, sobre todo, su relación con el transcurso del tiempo y la vivencia de experiencias. Y lo ha hecho de una manera fresca y divertida, cínica, distanciada y, por ello, mucho más disfrutable y reconfortante.

Así que otro admirador ha escrito otro típico post sobre las virtudes de Odio. Pero debía hacerlo: me ha proporcionado demasiadas satisfacciones. Es una lástima que se acabe. Seguiré leyéndolo hasta que los tomos queden desgastados por las relecturas.

20/05/2005 01:12 #. Hay 6 comentarios.

24/05/2005

Te quiero, pero sólo como amigo

La frase que encabeza este post ha terminado convirtiéndose en universal, en algo que todo el mundo ha dicho o le han dicho alguna vez. Es la peor respuesta que puede esperarse de alguien con quien se pretende intimar más y que no está dispuesto: no le interesamos, comparte su amistad con nosotros como podría hacerlo con cualquier otra persona, animal o cosa. Somos poco más que un ser asexuado para ellos. Y esto no importa, es ley de vida: no se puede gustar a todo el mundo. A pesar de todo, después de recibir una frase así volveremos a casa cabizbajos, con todas nuestras ilusiones hechas trizas. Por mucho que uno se quiera a sí mismo, es un duro golpe moral que por unos momentos nos hace una especie de pequeño Quasimodo incapaz de gustarle a nadie.


Las consecuencias del terrible efecto "te quiero como amigo". Así nos sentimos.

Como jorobados, caminamos por la calle ajenos a la alegría de los demás, con la última frase de la persona de nuestras ilusiones resonando todavía en la cabeza. Hay varias actitudes que pueden adoptarse en un momento así. Por un lado, resulta muy irritante la compasión a veces no demasiado disimulada que se esconde tras estas palabras, la autoridad moral que parece querer darse quien las dice, sobre todo si lo hace mientras nos mira con gesto comprensivo o nos acaricia el brazo -afectuosamente, eso sí. "Te quiero, pero como amigo" implica en realidad muchas cosas:

-No le atraemos físicamente. Se lo montaría con cualquier otro aunque no fuese una persona tan especial o no se comportase la mitad de bien que lo hemos hecho nosotros.
-Somos vulgares. Nos hemos salido del ámbito platónico al que debe circunscribirse necesariamente una amistad especial. Nos hemos pensado "cosas que no son". En cambio, la otra persona está por encima, ya que no ha confundido términos y demuestra que cree en la amistad pura.
-El otro tiene unas condiciones morales tan elevadas que no le importa perdonar nuestro fallo, incluso tratarnos con compasión por "lo mal que lo estamos pasando" y mirarnos con ojos de pena.


"¿Qué? ¿Qué soy muy buen chico y que me valoras por eso? ¿Pero qué es SETO?"

Muy pocas veces he optado por proseguir una amistad con alguien que me gustaba y no quería conmigo nada más. No le veía el sentido y me hubiera parecido poco sincero por mi parte. Normalmente, si de la amistad no queda nada después de que ocurra algo así, no es cuestión de rencor, ni de no saber valorar amistades especiales ni nada así. Por el contrario, se trata de un gesto de honestidad y, sobre todo, de boicot directo a quien cree ver amistades ideales donde no las hay. Me fastidian las cualidades de "mascota" que puede adoptar quien sabe que no atrae a quien sí le atrae. Y por otro lado, puesto que puede decirse que el otro no ha sabido valorarnos completamente -ya que se podría entender que una persona está compuesta tanto por su parte psíquica como por su capacidad de generar apetencias sexuales-, no es cuestión de perder el tiempo y sí de buscar a quien lo haga.

A veces resulta difícil romper con alguien tan decididamente. Pero estoy firmemente convencido de que seguir tratando con una persona que no nos quiere porque "valoramos su amistad" oculta, en realidad, la ingenua intención de que alguna vez, más adelante, se produzca un cambio de opinión que nos lleve a sus brazos. Me pregunto qué pensaríamos de alguien que, por ejemplo, se empeñase en entrar en un local donde no fuese bien recibido como cliente.

24/05/2005 12:08 #. Hay 7 comentarios.

27/05/2005

Fotografías de fantasmas

Me fascina todo lo relacionado con lo paranormal, especialmente cuando se mezclan estos temas con algo parecido a la ciencia y supuestamente irrefutable. Soy fanático de las psicofonías, los videos misteriosos y, especialmente, de las fotografías de fantasmas. Me estremezco de emoción cuando veo una de ellas que desconocía, cuanto más cutre mejor. Las hay de varios tipos: una cara de pena en un espejo o en un televisor, una figura transparente en un rincón o, mis favoritas: un desconocido un poco más apartado de un grupo al que se le hace la foto. Éstas me parecen las más sinceras, porque ya ni se molestan en usar efectos fotográficos: como mucho, hay un pie de foto que pone: "Al revelarla, ninguno de los fotografiados recordaba haber visto allí a nadie".

¿Y a qué viene todo esto? Pues bien. El otro día recibí un mail con una fotografía que, al parecer, está causando auténtico furor entre los aficionados a los asuntos paranormales. Hace semanas que los foros dedicados a esto tratan lo mismo. La foto en cuestión es la siguiente:


No, el fantasma no es ese tipo raro de la izquierda, como yo creí al principio.

Para explicarlo mejor, adjunto la explicación que incluía el mail:

> ¡Chequen el fondo de la fotografia! Es impresionante, una pareja mostruosa camina al fondo, sale como
> por chasco, es claro que no esperaban salir aca... ¿Porque eran de otro mundo? Quien hiso el retrato
> confeso que no los habia visto y sin duda se huviese dado cuenta de alguien tan mostro ahi al detras

Ejem, bueno, vale, no seais suspicaces, el tipo que escribió esto no da pruebas muy concretas... Más bien no dice nada, aparte de provocar ciertas sospechas sobre su nivel cultural... ¿Pero quién puede dudar de su entusiasmo? Además, di un vote de alegría cuando leí esa frase ya característica de las mejores fotos de fantasmas: "Quien hiso el retrato confeso que no los habia visto".


Los fantasmas friquis.

Pondré un fragmento del artículo que Javier Sierra escribió sobre este tema en la revista "Más allá" del mes pasado:

"Todo parece indicar, claramente, que la fotografía, tomada en el Malecón, captó las proyecciones psíquicas que provenían de un enorme hecho dramático. Todo el mundo hace referencia a un suceso que tuvo lugar a principios de siglo: en las obras de construcción, accidentalmente un bloque de piedra acabó con la vida de un matrimonio muy célebre por entonces y característico por su enfermedad -macrocefalia y microcefalia, respectivamente-, y que trabajaba en un circo."

Así pues, nos encontramos por primera vez con el primer fantasma cabezón junto al primer fantasma cuya cabeza parece recién reducida por los indios Jíbaros. ¡Un hecho fascinante! Por cierto, "Más allá" regalará el mes que viene un CD con psicofonías que han sido grabadas allí. Desde aquí os preguntamos: ¿qué pensáis sobre este asunto? ¿Realidad, ficción?

27/05/2005 19:36 #. Hay 5 comentarios.

30/05/2005

El día de los muertos

La última película de la trilogía de George A. Romero, descarnada, claustrofóbica y apocalíptica, es también, según creo, una de las mejores sobre zombies que se han rodado nunca. Y ya no sólo por llevar el fenómeno de los muertos vivientes a una escala planetaria, dentro de un ambiente catastrófico en el que sólo un reducido grupo de humanos sobrevive a la epidemia, sino por los siguientes motivos:


¡Ñam! Unos zombies poniéndose las botas.

1- Porque el zombie, como monstruo con reductos humanos que es, aparece en todo su esplendor dentro de una concepción clásica: lento, torpe, físicamente descompuesto y, por tanto, débil. Son muertos que han vuelto a la vida, o bien humanos infectados, pero actúan como tales, y no como los zombies cutres de películas modernas, que corren, saltan y dan cabriolas aunque sus huesos estén hechos trizas -y que, además, no reviven: son simplemente enfermos por un virus. ¡Qué mal!. Su poder de terror no se basa en el efectismo de la aparición inesperada (como las películas del tipo Scream), sino que es bastante más sutil: son muchos y avanzan inexorablemente hacia su presa. Romero consigue a zombies inolvidables (recordemos al hare-krishna de la segunda parte, Zombie, o al impactante tipo con la cabeza hendida que aparece al principio de ésta).


"El impactante tipo con la cabeza hendida".

2- Porque conjuga una gran cantidad de escenas antológicas. El inicio es, sencillamente, una obra maestra. La ciudad abandonada da paso a toda una jauría de zombies que gritan enloquecidos por el olor a carne humana (¡genial el cocodrilo muerto que sale del museo de zoología!). Los gritos de los zombies en grupo son ya un elemento clásico de las películas de terror (estupendamente parodiados en la cadena Radio Zombie del episodio de los Simpsons dedicado al tema). Por no hablar de la tensión que rezuma la mayor parte de las escenas en la base militar: los zombies apiñados tras la verja, los estrechos pasillos del subterráneo o, especialmente, el lugar en el que se da caza a nuevos especímenes: se palpa el peligro que implican esas débiles empalizadas y su poco fiable método de captura, mediante unos palos con un lazo al final: un despiste significa un mordisco y, por lo tanto, la muerte.


La reacción de Bub, el zombie bueno, al escuchar por primera vez a Alejandro Sanz.

3- Porque la protagonista, Sarah (Lori Cardille) es absolutamente carismática: seria, reflexiva e introvertida, pero totalmente pragmática y llena de valor, instinto de supervivencia y seguridad en sí misma. Se trata de toda una inspiración para la futura Lara Croft, pero mucho más verosímil (o mejor dicho: simplemente, verosímil) y fascinante. Sin duda el mejor personaje de la película, aunque mantenga una extraña relación con el tan irritante como falto de luces Miguel (Antone di Leo).


Imposible ver la película y no enamorarse de ella un poco.

4- Porque pese a respetar los moldes clásicos que el propio Romero había establecido, incluye aspectos novedosos como la relación entre el doctor Logan (Richard Liberty) y el zombie-Frankenstein Bub. La originalidad consiste en que, por primera vez, aparece la idea de domesticar a un zombie, refrenar sus instintos salvajes y hacer emerger sus cualidades humanas. Un zombie es como es, sólo pretende alimentarse y actúa sin malicia. La solución pasa, por lo tanto, por bloquear su parte monstruosa. Y esto no será posible, precisamente, por los propios humanos, ciegos por su ansia de destrucción y poder, elemento característico de todas las películas de la trilogía.


¡Bokebokepaaaacha! ¡Así reventéis todos!

5- Y aquí entran los militares. Su jefe, el capitán Rhodes (Joseph Pilatos), es el paradigma de todos ellos: falto de sentido común, prepotente y dictatorial, tiene la función de caricatura de todos los elementos de la humanidad que Romero critica con sus películas. Así pues, lo que podría ser uno de los puntos más débiles de la película (no hay ningún militar en ellas que se salve de ser un gañán), cumple en realidad una función simbólica. De todos modos, el odioso capitán Rodhes queda justificado aunque sólo sea por la gloriosa escena en la que es destripado por los zombies (¿Alguien ha podido olvidar su legendario grito?: ¡Así reventéis todos!).

Sólo me queda agradecer este artículo a un lector del blog que, con su nick de Capitán Rhodes, me ha hecho recordar esta impresionante película.

30/05/2005 03:43 #. Hay 2 comentarios.


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