MIS OBSESIONES

El blog que se ríe gratuitamente de los estereotipos

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08/02/2007

Una semana en Madrid

Cuando llegué al aeropuerto por la noche, mi amigo ya me estaba esperando. Antes de ir al piso que compartía con tres compañeros más, pasamos por una tienda y compramos tres botellas de vino. Nos las bebimos tranquilamente en el comedor mientras charlábamos. Lo mismo hicimos al día siguiente, sólo que fueron algunas botellas más, y lo complementamos con una copa en un bar de sudamericanos que estaba cerca de casa y al que mi amigo fue en zapatillas y con una mancha circular de vino en medio de la camiseta.
Aquellas noches solíamos ver algunos de los programas bizarros y películas porno que daban a esas horas en las cadenas madrileñas. Me llamó especialmente la atención Casino strip-poker, en el que un tipo juega al strip-poker contra prostitutas neumáticas que pierden invariablemente. Pero sin duda, la estrella fue una película porno que repetían cada noche, y que podía entreverse tras las letras de telechat que ocupaban media pantalla. En la escena en cuestión, una alumna trata de sobornar a sus dos profesores mediante favores sexuales. Lo más divertido era el lenguaje de los profesores, ridículamente intelectual: "Succiónale el prepucio"; "Me satisface cómo has derramado tu semen sobre esta joven furcia", y otras perlas por el estilo, de las cuales, sin duda, la mejor la soltaba uno de los profesores cuando en plena faena le preguntaba a su joven alumna:
-¿Colombia, capital? ¿Colombia, capital?
El tercer día conocí a Amanda, antigua compañera de piso de mi amigo. Era una chica hiperactiva que siempre quería ir de un lado a otro, que no dejaba de hablar de Canarias y su folklore, de donde venía, y a la que acompañamos por la tarde al Fitur, o Feria Internacional del Turismo. Abrigábamos alguna esperanza de que allí sirvieran bebida gratis, pero no, todo se reducía a la apasionante actividad de recoger folletos o calendarios en los mostradores o hacer una cola absurda para conseguir un minivaso de plástico con un típico zumo canario. Acabamos agotados de deambular entre los stands y de ver a todas esas personas contentas porque a cambio de una entrada que costaba 30 euros se llevaban a su casa una bolsa de plástico repleta de folletos y calendarios. A notros nos había colado Amanda, que disfrutaba con pasión de ese extraño inframundo.
Precisamente, aquel día, mientras nos dirigíamos en metro a un restaurante en el que reponernos de esa experiencia traumática, vimos a un grupo de chicas que también volvían de allí, con sus inconfundibles bolsas llenas de papeles sin valor, contentas por haber pasado la tarde de esa manera. Una de ellas sacó una postal de su bolsa, la enseñó a las demás y dijo:
-Mirad, en un mostrador sólo me han regalado esta postal, pero no me acuerdo de qué comunidad era. Ah sí, era de Barcelona.
A lo que otra dijo con una sonrisa que intentaba ser ingeniosa y mordaz:
-Claro, en Barcelona, cómo no.
Pasamos toda la noche tomando copas y al día siguiente desperté con la cabeza dentro de un armario, como si me hubieran atropellado. Estábamos muy cansados, así que aquel día, después de cenar, simplemente nos pusimos a ver la tele. La programación no era muy variada. En Telemadrid estaban casi siempre hablando de Cataluña, los catalanes y el estatuto, y lo mismo en el Canal Siete.
Al día siguiente volvimos a estar en forma. Cenamos y fuimos a tomar unas copas. Cuando cerraron, intentamos buscar otro sitio. Le preguntamos a un chico que cruzaba la calle y que iba acompañado de dos chicas, una de ellas, al parecer, su novia. Fue muy amable y nos indicó con claridad otro local. Le dimos las gracias y entonces, sin darme cuenta, me despedí con un "Adéu", que en Cataluña se usa siempre aunque hables en castellano con tu interlocutor. Como si hubiera manipulado un extraño resorte, aquel tipo se giró y dijo:
-¿Cómo que "adéu"? Adiós.
-No, adéu -le dijimos.
-Estáis en España.
-¿Qué más te da cómo nos despidamos?
-Esto es España y se dice "adiós".
-Se dice como te dé la gana decirlo. Viva Carod.
-¡Me cago en la puta Cataluña!
Después de que su novia lo apartara y se lo llevara de allí, seguimos caminando hasta encontrar un local muy del estilo Benidorm, es decir, discoteca hortera para gente mayor, pero un lunes por la noche no era cuestión de ser exigente. En la barra topamos con un borracho viejo trascendente que se puso a hablar con mi amigo. También conocimos a una pareja extraña, que consistía en una mujer algo mayor, con maneras de engendro, auténtica, pura voz de transexual que se retorcía en palabras que sonaban groseras y obscenas, y la chica que la acompañaba, mucho más joven y uniformada de lesbiana estándar, piercings y gorra incluida. Las dos parecían muy nerviosas, especialmente la joven, que hablaba a ráfagas, mirando de un lado a otro, cambiando de tema y de persona a cada frase. En un momento dado se me acercó.
-¿Qué haces ahí solo?
-Me aburro.
-¿Por qué?
-Mi amigo no para de hablar con ese borracho y al tipo de enfrente ni siquiera se le entiende.
Entonces me ignoró absolutamente, se giró, habló con otro tipo, volvió a girarse, me dirigió otra vez la palabra.
-¿Estás bien?
-Sí, claro.
-¿Por qué no te vas? ¿Qué haces ahí?
-Espero a mi amigo.
-¿Por qué no vienes con nosotras?
-Me ponéis de los nervios porque no se puede hablar con vosotras de manera fluida.
Se giró, habló otra vez con el tipo de antes, bailó un poco, habló con su amiga, vino a mí de nuevo. Pero esta vez le pregunté yo:
-Oye, ¿esa tía y tú sois pareja?
Tuerce el rostro. Se pone a la defensiva.
-¿Y a ti, te gusta tu amigo? ¿Tú eres gay?
-No.
-Ah, ¿y por qué preguntas tanto? ¿Es esto un interrogatorio?
-Curiosidad.
-Pues mira, a mí me gustan las persona, ¿vale? ¿Pasa algo?
-Para nada.
Me di la vuelta. No podía más. Busqué a mi amigo, que seguía debatiendo con el borracho filosófico. Iba a decirle que nos fuéramos, pero entonces me abordó directamente la compañera de la joven lesbiana, que vino hacia mí como una especie de misil velludo y contrahecho.
-¿Por qué vas diciendo que ella y yo somos pareja, eh?
-¿Pero qué coño dices?
-¿Eres tu gay, eh? ¿Eres tu gay? Yo creo que lo eres.
-Me alegro.
-Eres un maricón y un impotente. ¿Pero de qué vas? ¿Me vas de intelectual? ¡Tienes una lengua... viperina! ¡Catalán de mierda!
Mientras me decía esto no pude evitar reírme pegado a la barra. Al final, entre la camarera y su ¿novia? se la llevaron de allí. Agarré a mi amigo de un brazo y nos fuimos. Eran casi las ocho de la mañana.
Al día siguiente, por la noche, vimos un debate político en Telemadrid en el que de los ocho invitados, siete opinaban que es una vergüenza que Moratinos hubiese recibido a Carod Rovira como responsable de exteriores de Cataluña. Después, Fernando Sánchez Dragó, al que se me hace muy raro verlo en un programa que maneja una cierta estética de actualidad, se preguntaba sobre la inconstitucionalidad del Estatuto catalán y presentaba una encuesta hecha en la calle en la que casi todo el mundo opinaba que el Estatuto era una provocación de Cataluña que generaba mucho malestar y que probablemente no era democrático ni español.
Nos acabamos una botella y abrimos otra.
-Glasshead, voy a recoger esto -me dijo mi amigo. Por su mirada de compromiso, parecía que iba a realizar un trabajo importante, así que decidí ayudarlo. Cogí la botella vacía para llevarla a la cocina.
-Ah, no te preocupes. No me refería a eso. En realidad sólo iba a poner el cenicero encima de la mesa.
La semana había pasado casi sin darme cuenta.

08/02/2007 02:19 Autor: misobsesiones. #. Hay 15 comentarios.

13/02/2007

Cambio de dirección

He decidido cambiar de servidor. La nueva dirección de Mis obsesiones es ésta:

http://mrglasshead.blogspot.com

¡Con un nuevo artículo ya esperando! (¡oh, emoción!)

13/02/2007 02:52 Autor: misobsesiones. #. Hay 4 comentarios.


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