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El blog que se ríe gratuitamente de los estereotipos
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01/07/2005
Casualmente, mientras veía la tele, me he encontrado con que hoy empezaba la nueva edición de Operación Triunfo, de previsible éxito después de un año de descanso y de que haya pasado a manos de Tele 5. En su anterior etapa con Televisión Española, el producto había quedado agotado en tan sólo tres ediciones. De hecho, la última edición había sido todo un despropósito: una feria de monstruos -¿a quién se le ocurrió juntar a tanto feo?- de la que nadie recuerda ni siquiera al ganador. De la segunda etapa tampoco se acuerda nadie demasiado, y la primera nos aportó una de las desgracias culturales más lamentables de los últimos tiempos: el inefable David Bisbal.  Juan Camus. La verdadera estrella.
Es significativo que el programa se llame "Operación Triunfo", título en el que no destaca por ningún lado su vertiente musical, sino la idea de fama, de dinero, que es todo lo que signica el éxito en un país que rebosa tanta cultura como España. Estoy harto de la gente que dice que "esto es mejor que Gran Hermano porque al menos, cantan". En realidad es lo mismo, sólo que peor, porque encima usa coartada artística. No puedo concebir que "cantante" sea un tipo o tiparraca de voz potente que hace gorgoritos cada dos por tres, y cuya mayor idea de "cantar con sentimiento" es sonreír, llevarse un puño al pecho y mover la cabeza de lado a lado mientras abre los ojos como platos. Obviamente, el asunto no pasa de ser un montaje comercial, trufado de jueces -normalmente altos capos de las discográficas- que con mirada severa, como para darse autoridad, juzgan lo injuzgable, porque todos esos individuos cantan más o menos igual de mal, con la misma carencia de estilo y personalidad que se le suponen a cualquiera que pretenda estar haciendo arte. Pero de alguna manera hay que justificar el programa.
 Enrique Anaut. Un incomprendido.
Es curioso observar las actitudes de los participantes. Su idea de la vida y del éxito está absolutamente distorsionada por el gran engaño del programa. En realidad son unos completos inútiles, ya que poco más saben hacer aparte de los gorgoritos, pero ellos tienen grandes sueños de lujo, fama y conciertos multitudinarios. El programa les exprime mientras dura la edición, que es cuando se obtiene beneficio con las audiencias y con los cd's recopilatorios de las "galas". Después sacarán como mucho un disco, si tienen suerte, para hundirse a continuación en el olvido y en el fracaso. Afortunadamente, Bisbal sólo hay uno. No me suena que la presencia de alguno más de los "triunfitos" (término ideal para retratar sus excelsas capacidades mentales) se haya prolongado tanto en el tiempo. Por eso me parece tan patético ver llorar a uno de estos jóvenes, tras ser eliminado, porque ya no podrá "cumplir su sueño".
Yo siempre he sido fanático de los friquis de estos programas, producto de las salidas de madre de los encargados del casting y de una conjunción astral insólita que ha permitido que se mezclasen con tanta gente... normal. Mis participantes ideales han sido Juan Camus, Enrique Anaut y Mai Meneses. No me tragaría ni una sola canción de ellos, pero admiro su actitud de outsiders y de infrarreconocidos, son la escoria de estos programas y nunca duran más allá de la primera eliminatoria. Y aunque esta edición acaba de empezar, ya hay dos que sobresalen en este sentido:

Este tipo es informático. Tiene toda la pinta, de hecho me pregunto qué hace ahí dentro. Debería esperar a "Operación Star Wars" o algo así.

Y éste me cae bien porque ha salido a cantar con una camiseta de Jimmy Hendrix: la primera vez que veo que una reminiscencia a la música de verdad se cuela en este engendro de programa.
06/07/2005
¿Con qué toca meternos hoy? Pues vamos a hablar de Carlinhos Br... ah, no, que atacar a este tipo ya está bastante quemado y es aburrido, predecible, cansino y hasta detestable. Mejor nos dedicaremos a una clase de individuos que se dedican a lo creativo, a hacer arte, y que son habilidosos en su faceta, pero que llega el día en que pierden el norte y se deciden a crear ya no sólo su obra maestra, sino un tótem de la humanidad. Pretenden ser recordados para siempre y que su obra brille entre las estrellas de la civilización, junto a los versos de Dante, las pinturas de Van Gogh y las partituras de Mozart. Quieren que la gente, al contemplar sus creaciones, duden si son obra de una persona o de un dios. Pero lo único que consiguen es una mierda como un piano.  Luis Cobos, personaje capital en la historia de la música.
Brian Wilson
Mago del pop, compositor fuera de serie, muchas de sus melodías permanecerán en el imaginario colectivo a través de los siglos. Después de una brillante etapa surfera, al mando de los Beach Boys (¿quién no recuerda canciones como Surfin' Safary, I get Around o Good Vibrations?), y de un impresionante disco de pop que logró inmediatamente alabanzas unánimes, y que siempre se cuela en los primeros puestos de las listas de los mejores discos del siglo XX (nos estamos refiriendo, obviamente, a Pet Sounds), pensó que había llegado su momento. Fue consciente de que sus canciones eran muy buenas, de lo mejor de aquellos años sesenta, y de que la belleza etérea y cristalina que rezuman provocaba -y sigue provocando- en sus oyentes un éxtasis estético inigualable. Por eso mismo, después de varios empachos de tripis y de incluso creer haber visto a Dios en una librería -en uno de sus viajes psicodélicos-, decidió componer su obra definitiva. En sus propias palabras, quería "crear sinfonías adolescentes para Dios", es decir, conseguir mediante el pop un canto a Dios que sublimara al hombre y lo convirtiese en una entidad superior.
 Smile, ese álbum mítico (uys, el adjetivo "mítico" también está un poco quemado, ¿no?)
Y entonces se puso manos a la obra con su disco Smile. Estaba dividido en cuatro movimientos, como la música clásica, y cada uno de ellos correspondía a un elemento: tierra, aire, agua y fuego. Antes de grabar una canción, rezaba con su equipo en el estudio para lograr una sintonía absoluta con las fuerzas del más allá que le empujarían hacia la perfección. Y por supuesto, nunca logró terminarlo. Smile se convirtió en un disco fallido, en un negocio funesto para la discográfica, ya que Brian gastó enormes cantidades de dinero en grabar algo que nunca adoptaba la forma definitiva. El proyecto fue desestimado y los Beach Boys continuaron grabando discos apreciables, aunque Brian Wilson terminó por perderse durante varios lustros en las redes de la esquizofrenia y de la confusión mental. El disco inmediatamente adoptó la categoría de obra de culto, y circuló en múltiples versiones pirata hasta que hace poco fue regrabado y reeditado. Su estatus de mito salió por fin a la luz pública y logró la condescendencia de revistas tan rigurosas y con tanta personalidad como Rock de Lux.
¿Y qué puede opinarse tras la escucha de Smile? Pues que es normal que nunca fuera publicado, y que si se ha hecho ahora ha sido por intereses puramente económicos. Smile no pasa de ser un gazpacho indigerible de psicodelia, tripis y explicaciones cósmicas, una aburridísima diarrea mental sólo apta para estómagos potentes. Canciones alargadas sin sentido que a veces rozan el rock progresivo, el discurso divagativo sobre dios y el mundo de un artista cuya vida personal ya entonces caía en picado. En definitiva, un truñazo inaguantable. Pero ahora muchos lo consideran una obra maestra.
Neil Diamond
En su primera época, Neil Diamond fue un compositor dotado e ingenioso que supo crear canciones que derrochaban romanticismo, sensualidad y sofisticación. Entre ellas, por ejemplo, Sweet Caroline, Solitary Man o Girl, You'll Be A Woman (famosa por la versión que de ella hicieron Urge Overkill para la película Pulp Fiction). Desgraciadamente, Neil Diamond también comprendió que debía alcanzar algo más. Muy seguro de sus capacidades, a principios de los setenta creyó que ya era hora de convertirse en un artista "con personalidad". Empezó a introducir elementos étnicos en sus canciones porque quería investigar su mundo interior, lo que le valió varias reprimendas de las discográficas (que por entonces aún tenían razón algunas veces).
 La portada del disco es el vivo reflejo de lo que encontraremos dentro: reflexión, poesía y libertad. Creo que Serrat tiene unas cuantas así.
Y entonces llega su oportunidad, cuando le encargan la composición de la banda sonora de la película Juan Salvador Gaviota, basada en la novela del mismo nombre: un texto de Richard Bach lleno de metáforas sobre la libertad, el individualismo y cosas por el estilo, apto sólo para gente impresionable y fanáticos de El principito que buscan esa clase de libros que dicen verdades sobre la vida. Neil Diamond sabía que no podía hacer algo tan sencillo como simples canciones pop, que tenía que desarrollar definitivamente su estilo. Y confeccionó un infumable disco lleno de musiquilla "de relajación", con pretensiones de profundidad y susurros sobre el vuelo y la libertad. En todo momento, el disco parece estar diciendo: "¡Guau! Esto sí que es una obra de verdad, soy un genio que le canta a los espíritus libres". Y efectivamente, el disco es útil si se padece de insomnio o si se quiere indagar sobre los límites de la paciencia del ser humano. Como no podía ser de otro modo, tuvo un éxito acaparador y Neil Diamond se forró con el dinero de los progres, seudojipis y otra gente ávida de coartadas culturales. Y este disco fue un motivo más para dejar de escuchar al bueno de Neil en toda su obra posterior a 1973.
Los Canarios
Realmente éstos no deberían figurar aquí, ya que nunca hicieron algo más o menos potable, pero me apetecía hablar de ellos porque parieron uno de los discos más infectos, aburridos y ridículos en su pretenciosidad de toda la historia. No hay que olvidar que uno de los miembros de este grupo era Teddy Bautista, presidente de la SGAE, experto en discursos catastrofistas sobre Internet y el fin de la música. Y después de escuchar Ciclos, la obra maestra de su grupo, se llega a la conclusión de que eso, acabar con la música, era lo que realmente deseaba Teddy.
 ¡Os tengo dicho que no os bajéis Mp3! Todavía puede quedar algún incauto que compre el Ciclos.
Ciclos fue publicado en 1974, año de apogeo del rock progresivo y de vomitona final de toda la parafernalia psicodélica y culturalista. Al igual que Smile, este disco se divide en cuatro movimientos, cuyos nombres no tienen desperdicio: Primer Acto, Segundo Acto, Tercera Transmigración y Cuarta Transmigración, cada uno de ellos en torno a los 20 minutos (aunque no hay testimonios de que alguien haya escuchado los 80 minutos enteros, o al menos que haya sobrevivido para contarlo). El disco en realidad es una versión rock de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi, porque ellos hacían música seria y debían acudir, cómo no, a los referentes de la música clásica. En este festín de pedantería y milenarismo, entre voces de ópera, solos de guitarra interminables y explicaciones sobre el bien y el mal, la vida y la muerte, el cielo y el infierno, la ciencia y la naturaleza, y todo lo conocido y por conocer, asistimos a un hito en la historia de la estupidez. Pondría alguna de las letras, un pastiche de ciencia ficción y misticismo baratos, pero hace tiempo regalé el disco y nadie (aunque parezca imposible) se ha animado a copiarlas en Internet.
Dedico este artículo a mi amigo Jorge, que quería actualizar el mito de Ícaro en una trilogía de novelas, de las cuales cada una sería un homenaje a una etapa distinta de la literatura española del siglo XX.
08/07/2005
Normalmente considero que España es muy cutre, pero está claro que hace unos años era peor. Y los residuos más evidentes que quedan de aquellos tiempos son los viejos. La mayoría de nuestros viejos son del todo detestables: pesados, incultos y faltos de sentido común. Interactuar con ellos es muchas veces una tortura, especialmente en los lugares que ellos consideran su gueto, el territorio en el que por leyes no escritas tienen más derechos, a su parecer, que el resto de los estratos sociales.  Te voy a dar tu premio por haberte conseguido colar en el médico.
Es el caso, por ejemplo, de los ambulatorios. El 90% de los pacientes son viejos de la peor calaña, y atestan la sala de espera porque les gusta pasar allí la mañana por hacer algo. Como se aburren en su casa, y puesto que es común en ellos una agonía egoísta que no saben dominar, suelen aparecer una hora antes de la hora de visita que tienen asignada. Eso hace que las salas estén enseguida repletas de viejos que hablan de sus dolores. Pero hay casos peores, y lamentablemente no infrecuentes. Un viejo consiguió que desde que él llegó a la sala, todo el mundo -incluido yo- esperase su visita justo al lado de la puerta del médico. ¿El motivo? Sus claras intenciones de colarse en cuanto tuviera la posibilidad, algo totalmente factible a pesar de que la lista de espera tiene marcado un orden claro, si el viejo es un liante y el médico prefiere hacerlo pasar a discutir con él. Y tampoco es raro que vayan allí ya directamente sin hora de visita, confiando en la benevolencia del médico. Esta agonía es, además, bastante absurda si uno se pregunta qué cosas tendrá que hacer un pensionista a lo largo del día que le empujan a querer ser siempre atendido el primero.
Peor aún son los transportes públicos. La educación brilla por su ausencia en cuanto se reúne un grupo de viejos, que empujan, insultan y se ponen de los nervios en cuanto se suben a un autobús o a un tren y tienen que conseguir un asiento. Consideran los transportes públicos como algo de su propiedad, así que no se cortarán a la hora de estirar el brazo y plantarlo en la cara de cualquiera para abrir una ventanilla, empujar y atropellar para entrar o salir rápido, o incluso imprecar a alguien porque no les cede el asiento. En los transportes públicos hay miles de ejemplos de su agonía característica: cuidado con levantarse para dejar salir a quien está a nuestro lado, porque enseguida podremos ver a un viejo que, ignorando que hacemos ese gesto por cortesía, irá clavado hacia nuestro asiento para ocuparlo. Y también ojo con los viajes a larga distancia en tren. Aunque los asientos están perfectamente numerados, ellos seguirán adoptando la mecánica del autobús y colapsarán los pasillos y generarán nerviosismo y crispación para ocupar un asiento que ya les pertenece. Además no hay nada peor que un tren se detenga mucho rato por un motivo indeterminado: los viejos comenzarán a imprecar primero contra los trabajadores; luego, contra Renfe; luego, contra el Estado. Y harán insoportable una espera ya de por sí irritante.
 Viejo endomingando dando los últimos retoques a su endomingamiento.
Y aparte, son sucios. No tienen sentido de la higiene. En los clubs sociales de ancianos, es necesario colgar carteles en los lavabos donde se pide que no escupan en el suelo. Es común el ejemplo de viejo endomingado que deja a su paso un olor que es mezcla de colonia y de sudor de tiempos inmemoriales. O el aire rancio que levanta una señora en su camino excitado hacia la caja del supermercado. Con esto termino el artículo, deseando tener la habilidad suficiente para no ponerme a esperar nunca en una cola que tenga a un viejo antes que yo. Inevitablemente, la cola se detendrá en cuanto le toque su turno, porque van muy lentos, son suspicaces y preguntan mil veces por cualquier tontería y, en definitiva, no se enteran de nada.
13/07/2005
He tenido unos días de vacaciones y he disfrutado como un enano con la lectura de los dos primeros tomos de la reedición que Planeta deAgostini ha hecho de los clásicos de terror de la EC. Aunque creo que estos volúmenes (en una edición sencilla, aunque cuidada y de calidad) ya aparecieron el año pasado, hasta ahora, que vuelven a salir desde el número 1 (los cuatro primeros al precio de dos por uno, 4,5 euros), no me he acercado a ellos. 
La EC (primero Educational Comics, para luego cambiar por Entertaining Comics) fue pionera en la publicación de "tebeos para adultos" a principios de los años 50. Sus revistas de terror agrupaban en cada número cuatro historias, todas ellas con el mismo esquema: un personaje fijo y con un tono sarcástico presenta la historia y la narra. Las historias son autoconclusivas, no repiten nunca personajes y tienden al final sorpresivo. Este esquema disfrutó de un enorme éxito más o menos hasta mediados de los años cincuenta, cuando surgió en Estados Unidos una polémica por el contenido escabroso de estas historias (un psicólogo, Fredric Wertham, se hizo tristemente célebre por la publicación de su libro "La seducción de los inocentes", en el que de una manera sesgada y populista llegaba a la conclusión de que los tebeos de terror podían tener un efecto perverso sobre los niños). Asociaciones de padres, entidades gubernamentales y estudiosos de pacotilla se lanzaron al bulto contra EC Comics, ante la pasividad de un público que hasta entonces se había entregado a sus publicaciones, y que no hizo nada por defenderlas. Al final el asunto fue resuelto desde la propia industria del tebeo, que pese a la contraposición de EC, decidió crear un código, el "Comics code", y por lo tanto autocenturarse a sí misma. El código proponía cosas tan disparatadas como que el bien venciese siempre sobre el mal, y se prohibía la palabra "horror" o "terror" en los títulos o la aparición de zombies u hombres lobo. Los tebeos que no llevaban el sello del Comics Code, aunque no eran ilegales, fueron rechazados por las distribuidoras y los puntos de venta, que no querían verse envueltos en la polémica. EC se vio obligada a cerrar la mayoría de sus colecciones y, de esta manera, quedó borrada de un plumazo toda una corriente de creatividad y arte que, sin embargo, no dejó de influir a lo largo de los años.

En cuanto a los efectos negativos de los tebeos para adultos sobre los niños, me gustaría hablar de lo que me ocurrió a mí. De niño pude acceder a una gran cantidad de tebeos para adultos que compraba mi padre: devoraba sin cesar Creepys, 1984, Cimocs, Cairos y otras revistas por el estilo. Lejos de convertirme en delincuente, estos tebeos, además de insuflarme un amor por los cómics que aún se mantiene vivo, me proporcionaron una especie de mundo paralelo que enriqueció mi infancia y que, por entonces, me hizo feliz. Mi imaginación se desbordaba ante esas historias de aparecidos, vampiros y asesinatos macabros.

Por eso leer estos tebeos me ha emocionado, ya que han hecho que me acerque a una historia de terror con una ingenuidad similar a la de aquellos días. No hay que perderse tampoco las otras colecciones de Planeta dedicadas al resto de las temáticas de la EC: historias bélicas, ciencia ficción y suspense. Es lamentable que la estupidez moral acabara con estos tebeos, pero resulta aún más triste ver que hoy día este tipo de actitudes se reproducen ante cualquier muestra de talento, imaginación o criterio creativo.
15/07/2005
Coches, surf, cines al aire libre, playa, chicas, sol brillante, fiestas. Realmente, ¿fueron verdad alguna vez todos estos tópicos veraniegos? Pues sí. Y concretamente en el sur de California, en el periodo de 1960 a 1963. La auténtica fuente de este tipo de diversiones era la inocencia que imperaba por entonces entre los jóvenes, consecuencia de una calidad de vida más que aceptable y el auge de la por entonces reciente cultura juvenil, que empezó a surgir sólo después de la Segunda Guerra Mundial. Sin lugar a dudas, un grupo musical destaca por encima de todos los demás como representante de esos tiempos: los Beach Boys, con Brian Wilson al frente. Jóvenes y agraciados, el núcleo temático de sus discos eran todos los tópicos que hemos enumerado al principio, asentados sobre una noción muy conservadora de la sociedad, ya que precisamente esa armonía sólo era posible desde una perfecta comunión con el entorno social. Y así, en algunas de las canciones se nos habla del "espíritu de América", o de que "debemos ser sinceros a nuestra escuela", es decir, entregarnos en cuerpo y alma a las instituciones que nos forman como ciudadanos.  Chicas, playa, juventud y surf: la época dorada de California.
El éxito de estos discos fue impresionante. Los jóvenes, por fin, habían encontrado a los portavoces adecuados para clamar con orgullo su estilo de vida. Los Beach Boys se hicieron célebres y Estados Unidos, de la noche a la mañana, se llenó de himnos al verano eterno. Pero en 1964 terminó la edad de oro. A este respecto, son muy relevantes las palabras de Joe Nolte, líder de The Last, un estupendo grupo californiano de pop de los años setenta:
"En aquella época, los Beach Boys estaban listos para ser el grupo más grande del país, y 1964 parecía prometedor. Pero entonces, los malditos Beatles golpearon. Ahora, para mí y muchos otros, los Beatles fueron una diversión necesaria después del horror del asesinato de Kennedy. Aunque lo que todos pensábamos era: 'Oh mierda, esto va a destruir a los Beach Boys'. Lo que, relativamente, sucedió."
 California, 1963. Los muy ingenuos no sabían que la sombra de los Beatles estaba a punto de cernirse sobre ellos.
En efecto, los Beatles desembarcaron en Estados Unidos con el gran éxito de su canción I Want To Hold Your Hand. Empezó el periodo de la invasión británica, en el que por primera vez desde la aparición del rock Gran Bretaña influía en Estados Unidos, y con sus mismas armas: lo único que hicieron los Beatles fue acelerar el pop que ya existía y dotarlo, de esta manera, de una energía y frescura que enloqueció a una sociedad conmocionada, como bien dijo Joe Nolte, por el inesperado crimen de Kennedy. Los Beatles acabaron no sólo con los Beach Boys, sino también con el bueno de Phil Spector, un loco armado y peligroso pero artífice de canciones tan geniales como Be my baby. Todos los grupos autóctonos siguieron la estela de los cuatro de Liverpool. Brian Wilson no dejó de hacer grandes canciones, pero el periodo de reinado de los Beatles coincidió con el principio de su decadencia mental, de la que no resurgió hasta finales de los ochenta.
 Sí, en aquella época en California también había friquis como éste.
Por otro lado, los veranos californianos de sol, surf y olas fueron dando paso al progresivo avance de la música y la cultura juvenil hacia la psicodelia. Los surfistas perdieron fuelle y desaparecieron entre las pandillas de melenudos que proclamaban la paz y el amor libre. Podría decirse que los Beatles terminaron con la inocencia y que ya nada volvió a ser lo mismo. Hay una estupenda película de John Milius, El gran miércoles, que explica perfectamente todo este proceso, encarnado en un grupo de amigos surfistas.
 No es una peli de gays, sino de surf y amistad.
He escrito este artículo porque desde hace unos días estoy enganchado a la última y típica recopilación de los Beach Boys que aparece cada verano, sólo que ésta es bastante mejor que todas las anteriores: consta de tres CD y abarca prácticamente todo el espectro de la historia del grupo. Es absolutamente recomendable porque demuestra que, tras la imagen de canciones ligeras de surf que suele dar su música, se encuentra una de las producciones musicales más brillantes de la segunda mitad del siglo XX. Si no los conocéis, escuchadlo porque es fácil que sus infecciosas melodías cambien vuestra vida. El recopilatorio se titula The Platinum Collection, y es fácilmente descargable por cualquier P2P, pero no lo hagáis porque así acabaréis con la música y, como dice ese gran poeta que es Manolo García, cuando bajamos una canción de Internet lo que en realidad estamos haciendo es robarla.
22/07/2005
No hace mucho, J.L. Viruete escribía un artículo en el que hablaba de cosas que, a su jucio, estaban quemadas. Una de ellas eran los blogs. Aunque todo el artículo es recomendable -y pese a que su papel de aglutinador y trend-setter de los friquis es ya más que evidente, como demuestra por ejemplo el hecho de que un blog como El friqui, por otra parte muy entretenido, haya cambiado su nombre a El anti-friqui porque según Viruete la palabra friqui ya no mola-, el autor dice sobre los blogs algunas cosas con las que no estoy de acuerdo: "Hace tiempo, cuando había unos 40 millones de blogs, la cosa molaba, pero hoy en día con unos 80 la cosa ya aburre un poquito (...) fueron cool durante un tiempo (...) Hoy en día ya se ha acuñado un término alternativo al manido 'blogosfera', la 'tontosfera', que denomina al montón de morralla que existe (...) tenemos miles de blogs que se actualizarán cada dos semanas durante unos meses y quedarán en el olvido. Durante ese tiempo, nos habrán colgado la letra de una canción de Nirvana, unas fotos de Yonkis de parecidos razonables y cuatro líneas dedicadas a lo que molaba Pumuki (...) eso de 'hey, pues yo tengo un blog' ya está más visto que el tebeo."  Jaaarl, yo leo Viruete y los blogs ya no molan. Boképacha!
Y con esta simple frase tenemos a cientos de friquis (¿se nota que a mí la palabra sí me gusta?) adictos a páginas como teacuerdas.com o a descargarse series de dibujos animados que dicen que los blogs ya no son cool y que están quemados. Pero mi visión del asunto es bien distinta. En primer lugar, no queda muy claro lo que en realidad critica Viruete. Parece que lo que critica Viruete es el blog como moda pasajera. Yo de lo que aquí voy a hablar es de los blogs en general. Y a mí no me cansan, sino todo lo contrario: me parece un fenómeno cultural sin precedentes, impactante y que va a tener -y ya está teniendo- una honda repercusión cultural.
 Gracias a los blogs, hasta este señor puede dar a conocer al mundo su alma sensible y sus nociones de moda.
Podríamos decir que este fenómeno equivale a que cada uno tuviese en su habitación, en el espacio de su mesa de estudio, una imprenta desde la cual no sólo escribiría su propia revista, sino que además podría distribuirla en absolutamente todo el mundo. La posibilidad de que con ningún coste añadido más allá de la factura de Internet cualquier persona escriba su visión de las cosas -sea cual sea-, con una maquetación aceptable, imágenes y una facilidad pasmosa -poner un artículo a disposición de los demás cuesta poco más del tiempo que se tarda en escribirlo- es estimulante y asombrosa en su sencillez. La variedad cultural a la que esto da lugar no tiene precio: desde siempre ha habido una gran cantidad de gente con talento que no ha podido expresarse por no haber tenido la suerte de dar con los medios.
 El blog del aventurero. Aunque Indiana Jones siempre llevaba su sombrero más limpio que este tipo.
Y entonces aparece una gran cantidad de personas anónimas que ponen a nuestra disposición sus conocimientos, sus modos de ver las cosas, con una habilidad y talento incuestionables, y nos enganchan a su pequeño espacio como el que cada mes se compra una revista porque le interesan sus contenidos. Sólo que esto, además, es gratis, y las dosis suelen ser varios posts por semana. La variedad es mucho mayor, tan amplia como personas hay. Nuestra cultura aumenta conociendo lo que nos dicen los demás y tenemos mucha más información sobre cualquier cosa.
¿Alguna ventaja más? Pues sí: el gran valor que tiene poder comentar cada artículo instantáneamente a su lectura, tantas veces como queramos: criticarlo, estar de acuerdo, aportar matices. La expresión se amplía a los lectores y la riqueza entonces es infinita. Ya sea leyendo blogs variados y apuntalados por una innegable cultura como Base Lunar, o las curiosidades pop de las que suele informarnos Frunobuland, o incluso constatando que la autora de El rinconcito continúa elaborando preciosistas truños de canto a Kundera o que el entrañable Ochobits.net prosigue en su descenso en picado hacia el fracaso. O también perdiendo el tiempo leyendo sobre lo mucho que molaba Pumuki. Ojalá todas las cosas que "ya huelen" fuesen como los blogs.
Por cierto, hecho de menos las críticas que antes solía hacer. Me parece que dentro de poco escribiré otra.
26/07/2005
Llevo grabando recopilaciones musicales para los demás desde los catorce años. Claro que por entonces me gustaban cosas tan selectas como Emerson, Lake & Palmer, Mike Olfield, The Alan Parsons Project o incluso el mismo Serrat. Con el paso del tiempo he ido definiéndome en lo que respecta a las características que para mí debe tener un buen recopilatorio. Y he resumido todos los puntos que creo que son imprescindibles en una especie de decálogo. Ojo, no pretendo que esto sea un dogma. Sólo quiero mostrar las conclusiones a las que he ido llegando desde mi propia perspectiva.  Otro adolescente fanático de Mike Olfield.
1- Un recopilatorio debe ser necesariamente una grabación que se hace para otra persona. No tiene sentido que las grabemos para nosotros mismos. No creo en la mística de un recopilatorio que se proclama en novelas como Alta fidelidad, eso de que "es algo muy especial que regalas a otra persona para que te entienda", etc. Dejemos ese tipo de frases para Paulo Coelho. Por el contrario, considero que un recopilatorio es una pequeña artesanía, una especie de bandeja con una selección de manjares, por decirlo de algún modo. Algo perfectamente calculado. Nunca podremos hacernos entender por las canciones puesto que para cada persona significarán algo distinto.
2- Tomando en cuenta la regla anterior, debemos tener muy presente que el sujeto protagonista es la persona a la que entregaremos el recopilatorio, y no nosotros. Así que tenemos que conocer sus gustos aunque sólo sea ligeramente. Por mucho que nos esforcemos, a un fan de los Chunguitos nunca le gustará un recopilatorio de lo mejor del rock siniestro. Hay que ajustar las canciones a la persona que las va escuchar.
 Soy experto en recopilatorios. Con ellos puedo enamorar a cualquier chica.
3- Nunca tenemos que traicionarnos. No debemos olvidar que quien elige las canciones somos nosotros. Sería un error grabar a alguien un recopilatorio de música que no nos gusta. Lo haremos mal, no disfrutaremos y ese CD no tendrá nada de nosotros en su interior. Es importante que encontremos el equilibrio perfecto entre la persona que va a escuchar lo que grabamos y nosotros mismos. Una buena señal es que nos guste escuchar lo que hemos grabado.
4- Hay que usar el sentido común. Si queremos mostrarle el mundo de la música electrónica a una persona que no tiene demasiada idea sobre el asunto, y no queremos que nuestro CD acabe perdido, rayado y lleno de polvo debajo de una estantería, tenemos que optar por lo más accesible, sin que eso quiera decir lo más comercial. Por ejemplo, elegir a Kraftwerk en lugar de a Neu es una buena manera de lanzar un cebo dulce y de calidad al que una persona que desconozca ese estilo pueda agarrarse e interesarse para luego buscar otras cosas. Otro ejemplo: si queremos hacer un recopilatorio de rock para una persona hasta entonces afín a los 40, una buena manera es elegir el glam-rock (T. Rex, David Bowie, The Sweet, etc.), lleno de canciones pegadizas, energéticas e infecciosas -que precisamente por este motivo abundan en los anuncios televisivos- sin que se resienta su calidad.
 Uh... ¿Seguro que si leo este decálogo ligaré más?
5- Es necesario guardar la coherencia temporal. Provocaremos un bajón considerable a quien nos escuche si, por ejemplo, empezamos con una canción de los Beatles, para luego seguir con una explosión guitarrera de Sonic Youth y acabar con alguna canción de blues del negro Robert Johnson. Obviamente, esto no tiene ni pies ni cabeza y nuestras recopilaciones termirarán por ser poco cuidadas y odiosas. Un buen consejo es circunscribirse a una década en concreto, pero nunca mucho más, porque las técnicas de grabación también suelen ser distintas y se nota mucho el cambio ya no sólo de estilo, sino también de sonido.
6- Tan importante como la coherencia temporal es la coherencia de estilo. Sin embargo, dentro de esta cohesión sí que es posible cierta variedad, siempre y cuando no sea demasiado disonante. Es decir, claramente una canción de jazz junto a una de punk no pinta nada y quedaremos como unos cutres. Sin embargo, el punk sí que pega con el pop. O por ejemplo, el rock admite que se incluya también alguna canción de country-rock o incluso de reggae. Debemos ser lo suficientemente intuitivos como para reconocer qué canciones pegan, pero nunca lo bastante descuidados como para que nos dé igual mezclar cualquier estilo.
7- Personalmente, creo que es mejor un recopilatorio de canciones preferiblemente cortas, que no pasen de los tres minutos. Desde siempre he creído que todo lo que tenga que decir una canción lo puede hacer -y le sobra- en esa cifra mágica que ha sido respetada por la mayoría de las mejores canciones que se han escrito jamás. Cuanto más breve sea una canción, más impacto causará en nuestro oyente y, sobre todo, menos tentaciones tendrá de saltarla y pasar a la siguiente si se encuentra con algo que le sorprende demasiado o a lo que está muy poco habituado. Y cuantas más canciones tenga nuestro recopilatorio, más jugoso será y podremos añadirle muchos más matices. Un recopilatorio que termina demasiado pronto puede ser señal de que no conocemos muchas canciones.
 ¡Hey! Deberías incluir alguna de mis canciones en tus recopilatorios. Verás, te cantaré una de ellas.
8- Nunca poner más de una canción de un solo grupo. Esto es una norma básica y esencial. No hay nada más patético que las típicas recopilaciones donde se nota que el tipo en cuestión tiene toda la discografía de un grupo que le gusta mucho y luego sólo dos o tres discos más. Queda de friquis y en ese caso lo mejor es invertir el tiempo en, por ejemplo, visionar los videoclips completos del artista de nuestros amores. Pongo un caso particularmente monstruoso que pude ver en cierto foro en el que la gente recomendaba sus recopilatorios favoritos:
1. The Strokes. Last Nite 2. Los Planetas. Qué puedo hacer 3. The Strokes. Is This It 4. Muse. New Born 5. Los Planetas. Tómate esto 6. Muse. Plug In Baby 7. The Strokes. Hard To Explain 8. The Strokes. New York City Cops 9. Guns'N Roses. Right Door Next To Hell 10.The Strokes. Trying Your Luck 11.Radiohead. Karma Police
9- Una recomendación importante: no seamos obvios. Como buscadores de canciones, siempre preferiremos aquellas que han permanecido ocultas durante años, solapadas por la fama de otros temas. Elegiremos las canciones más refinadas y desconocidas que podamos, para que verdaderamente puedan considerarse un logro, un rescate desde lo más hondo del olvido. Así que no pondremos ninguna canción de Queen, ni otras como Imagine de John Lennon, Sultans of Swing de Dire Straits o cosas así. La elección de los temas es un arte, y un recopilatorio debe ser único: así que tampoco repetiremos canciones que ya hayamos usado en otras grabaciones. Siempre canciones distintas y una vez grabadas son historia, por mucho que nos gusten. Ahí reside el auténtico reto.
 Pero si los Strokes molan... o eso dice Rockdelux, ¿no?
10- Y por último, quizá el punto más importante. Jamás debemos descuidar el ritmo de nuestro recopilatorio, y según creo, el hecho de que ahora podamos tener una visión completa de lo que hemos recopilado antes de grabarlo en un CD ayuda mucho a conseguirlo. Pep, en su grandísimo blog, nos dice en este artículo que "Grabar un recopilatorio a un amigo en CD, es lo más aséptico y frio que existe. Pinchas, arrastras y hasta que no grabas el resultado es poco más que intuitivo. Nada que ver con grabarlo en una cinta, donde vas escuchando lo que vas grabando e intuyendo en cada momento cual debe ser la siguiente canción a colocar (...) Haces algo realmente personal y es una de las formas más bonitas (de las pocas que sé) de decirle algo a alguien". Sin embargo, yo no estoy demasiado de acuerdo con esta afirmación, que bajo mi prisma peca de ser demasiado sentimentalista.
De todas maneras, y aunque seamos muy escrupulosos con nuestros recopilatorios, estoy convencido de que muy pocas veces la persona que los recibe se los toma en serio. Generalmente, si después de varios meses todavía no nos han dado su opinión sobre las canciones que les grabamos y les preguntamos, nos dirán: "No, aún no he tenido tiempo de escucharlo en serio" o "Sí, lo escuché el otro día mientras preparaba la comida, no está mal". Lamentablemente, es muy difícil encontrar a gente que comprenda la importancia que podemos llegar a darle al material que les hemos grabado con delicadeza y teniendo en cuenta todos los detalles. Por mi experiencia, podría decir que sólo una de cada diez veces que regalo un recopilatorio percibo un interés auténtico por parte de la otra persona y logro que durante una temporada sea su disco de cabecera. Pero aunque el porcentaje sea tan bajo, creo que en este sentido cualquier esfuerzo merece la pena.
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