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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2006. 03/01/2006Josmar: auge y caída de una leyendaTodo empieza a mediados de los noventa, cuando un joven nacido en Gerona pretende triunfar en el mundo de la canción y no sabe cómo hacerlo: tiene cosas que contar y un mundo interior, pero la voz no es su punto más fuerte. Decidido a crear algo distinto y auténtico, hace caso a Jordi González (el actual presentador de programas de corazón, que inició su andadura televisiva precisamente criticándolos), quien le dice que lo que debe hacer es potenciar su físico para llamar más la atención. Y aquí es cuando a Josmar se le ocurre su revolucionaria estética, incapaz de dejar indiferente: pelo largo y alisado, una cazadora vaquera con una malla debajo, un tanga y todo ello rematado por dos botas estrafalarias. Su imagen se adapta perfectamente a sus aspavientos, a su inimitable estilo como artista, en el cual su voz, aniñada y quebradiza, no es más que una bendición.
Estaba vestido para el éxito, y lo consiguió en poco tiempo gracias al programa producido por Chicho Ibáñez Serrador, El semáforo, cuya existencia nunca agradeceremos lo suficiente. Es abucheado, pierde siempre y la gente se ríe de él, pero al igual que Cañita Brava se convierte en una de sus estrellas. Gracias a los numerosos zappings del resto de las cadenas, logra contagiar su visión de la vida al público masivo, que no puede dejar de tararear su primer hit, Angel Girl, mientras le es imposible apartar los ojos de la pantalla cada vez que Josmar hace aparición.
En Cataluña se convierte en un fenómeno de masas cuando Toni Soler, por entonces encargado del espacio Malalts de tele, propone a Josmar como candidato para representarnos en Eurovisión con su nuevo tema, És superfort. Aunque el objetivo no se logra, será esta canción la que aupará definitivamente a Josmar al estrellato: pegadiza, bailable y directa, lo menos que podía hacer era transcribir su letra y su traducción al castellano para los que no dominan el idioma de Carod: Jo era una ànima en pena, Yo era un alma en pena, Lamentablemente, se pierden muchas de las audaces rimas en la traducción al castellano. Pero por fortuna no la mejor de ellas, uno de los versos más inolvidables de la música de nuestro país: "La vida es una gran sorpresa / te chupa como una compresa". Esta canción, con su sencillez, inocencia y frescura, es infinitamente mejor que todos los empachos seudopoéticos de El último de la fila o cualquiera de los bodrios postadolescentes de Los Planetas. Representa la culminación de Josmar como artista, y se intuyen por todas partes los matices autobiográficos: cómo un chico tímido y acomplejado pasa, casi de la noche a la mañana, a ser una estrella. Así que además de un gran tema, es toda una lección moral.
Miles de personas empezaron a acudir en masa a las actuaciones de Josmar en plazas, discotecas e, incluso, en la Plaza del Rey de Barcelona, donde congregó a 3.000 asistentes y se convirtió en el heredero de artistas tan divertidos como Lluís Llach, Maria del Mar Bonet o Marina Rossell. E incluso actuó en Birningham, adonde se organizaron autobuses para ir a verlo. Su éxito le hizo publicar, además de un single con sus hits És superfort y Angel Girl -del que se vendieron más de 10.000 copias-, un disco que también incluía canciones como I love You, Gotas de lágrimas, El peor de todos o Cómo no le voy a amar (disponibles todas ellas en Emule).
Se puede decir que Josmar estuvo durante unos meses en la cresta de la ola, pero no supo transformar su mensaje vitalista en algo nuevo que atrajese otra vez al público. Por el contrario, optó por lo fácil y se dedicó a explotar su homosexualismo y su imagen de friqui, aprovechando el creciente tirón de Crónicas Marcianas. Aparte de bolos eventuales en discotecas de dudosa calaña o en fiestas de barrio, y de cada vez más escasas actuaciones por la radio, se convirtió en uno de los seres residuales de Javier Cárdenas y pasó de héroe a bufón. El momento que marca definitivamente su debacle y su perdición como artista se produce en la película Friquis Buscan Incordiar, del propio Javier Cárdenas, en la que le aplican unos electrodos en el culo y van subiendo el voltaje. Sus lloros, súplicas e histrionismo nos muestran que muy difícilmente el sol volverá a salir para Josmar. 08/01/2006Con Cañita Brava no se hace estoEste fin de semana ha sido uno de los peores de mi vida. Decepcionado, desengañado y frustrado con las inevitables tendencias del ser humano. ¿El motivo? Ni más ni menos que algo que hasta ahora me había producido una ilusión incomparable. Y sé que puedo ser feliz, porque tengo confirmado que Cañita Brava va a estar en mi fiesta de cumpleaños. No me ha costado demasiado lograrlo, y será toda una sorpresa para los que acudan, que ignorarán hasta que lo vean ante sus ojos quién es el invitado sorpresa. Pero es poco consuelo para alguien que ha estado esperando ansiosamente que el trabajo musical de este gran cantautor fructificara en un disco a la altura de su talento.
Recibí anteayer la primera grabación de su obra artística hasta el momento (por otro lado, fácilmente conseguible en E-mule). El título no podía ser más prometedor: Los invasores. Y tras una decena de escuchas, las conclusiones son claras: nunca nada ha estado tan lejos de alcanzar las expectativas sugeridas. Cañita Brava ha facturado un disco mentiroso, irreal y muy alejado de su innegable autenticidad. Pero la culpa no es suya, sino de quienes se han encargado de producirlo y grabarlo. Una lamentable confusión entre friqui agradable y simpático y artista ha dado lugar a uno de los mayores fracasos de la historia musical de nuestro país. Al igual que Josmar, el talento de Cañita Brava es conocido a raíz de sus legendarias actuaciones en El semáforo, programa presentado por Jordi Estadella a mediados de los años noventa. Cañita Brava se ganó los favores del público gracias a la autenticidad que emanaba de todos sus poros: aparecía en el escenario con la única ayuda de unas cucharas con las que marcaba el ritmo de sus melodías, se atrevía con canciones escritas en cualquier idioma, se enfadaba con el público cuando era abucheado (siempre) y hablaba girando la cara hacia el micrófono que tenía instalado en la solapa de su americana. Estos rasgos distintivos le convirtieron en una estrella televisiva cuyo rastro, gracias a sus sucesivas apariciones en la saga Torrente, ha permanecido prácticamente inalterable hasta hoy. Por fin le llegó la oportunidad de grabar un disco como testimonio de su importancia en la exigua escena musical española.
La lista de canciones seleccionadas ya es, en sí misma, decepcionante. Inexplicablemente, faltan muchos de sus temas estrella. ¿Dónde está la canción en suajili? ¿Y el tema japonés cantado al estilo ninja? Ni siquiera aparece la canción en catalán, de memorable letra: bonisei, bonisá, bonipé, bonipai (y es que, como el bueno de Cañita Brava explicó en una entrevista, su fuente de inspiración en este último tema fue el anuncio de Catalana de Gas que decía: Aboni-se’n, "Abónese" en castellano). La gran herejía es no haber incluido su mejor canción, la más espectacular, completa y representativa de su estilo: El fugitivo, donde en una inimitable actuación interpretaba la agonía existencial del doctor Richard Kimble, corriendo de un lado para el otro del escenario. Por el contrario, nos encontramos con un disco plagado de arreglos horteras de teclado, como si una familia gitana con cabra incluida se hubiera decidido a acompañar a Cañita en su periplo como artista. La primera canción, la floja Canción china, ya es indicativa de los dudosos derroteros del disco, y por suerte sus dos minutos escasos de duración son más que suficientes para una sucesión de guanipé, guanipú, guanimei, guanimai que son una muestra cruel de los peores momentos de nuestro músico. Lo mismo podemos decir de la siguiente, la Canción griega, que se limita a cambiar la letra por sekeró, sekeré, selepí, selepá. El disco es un festival de organillos que no vienen a cuento, guitarras eléctricas a destiempo y fuera de contexto, samplers de los cabreos de Cañita Brava en El semáforo y guitarras españolas para que veamos que también puede ser costumbrista si se lo propone. El mayor crimen es que a veces ni siquiera se escuchan sus dos cucharas, elemento característico y definitorio de nuestro artista. Parece que los productores han optado por presentar un disco cool, de broma, vendible para quien se quiera echar unas risas, para todo aquel fanático de Cárdenas y sus seudofriquis payasos. Se nos ha negado el Cañita Brava más auténtico y profundo para entregarnos un producto extraño, decepcionante, entregado a las tendencias de la moda y del momento. Es como mezclar vino con Coca-Cola.
Ahora bien, como no podía ser de otro modo, el talento de Cañita Brava es demasiado grande como para no dejar muestras de su alcance. Y entre tanta mediocridad, hay temas estupendos como la inconmesurable Espokinllú, uno de sus clásicos de todos los tiempos, aquella que empieza con un grito rockero a más no poder y cuya letra es inevitable transcribir en este artículo: Espokinllú, serengüeinfen sei yu, serengüeinsten cho, weren yu, serengüeinfen gunait, oooh raaai, onanamabeibi, serengüeinsten cho, seregüeinstein cho espokinllú veriweisten sek yu, etc. La obra maestra de Cañita Brava, desgraciada con unos arreglos de teclado que no dejan escuchar sus cucharas y que tan sólo producen irritación. Más adelante, en Tú ya no me quieres, nos encontramos con una melodía fabulosa que sería número 1 de ventas si la cantara cualquiera de los gañanes de Operación Triunfo. En el Twis de esa chica hay, incluso, reminiscencias de los Beatles, ya que el gritito que adorna de vez en cuando la canción parece provenir directamente de I Saw Here Standing There, en lo que es sin duda un homenaje. Cabe señalar, por último, la impresionante Los invasores, que da título al disco, y que entre teclados marcianos y absurdos, y a un inaudito ritmo de reggae, deja colar algunas frases memorables: Suelta a la chica, he dicho que... suelta a la chica, vete a buscarla, al camarote, a ver si la encuentras, estoy haciendo una perdurbuluta (¿?), si no me respondes, aquí se acabó, ¿eh? ¡Fuera! Pero ni estos impresionantes ejercicios artísticos impiden que una lágrima surque nuestra mejilla cuando el disco llega a su fin. En unos meses, veré a Cañita Brava. Le daré un abrazo y le expresaré mi admiración. Y aun después de este momento mágico, me será imposible pegar ojo cada vez que piense en los artífices de su disco y en la única palabra que puede servir para definir su tarea: canallada. 11/01/2006Gran Hermano 7Gran Hermano había ido decayendo con el paso de los años. Superada la novedad de la primera edición, los concursantes iban con la lección aprendida y empezaron a dividirse en dos grupos: los que sabían que tenían madera televisiva y hacían, desde el principio, todo lo posible por ser polémicos y ganarse así un rápido puesto (Aida Nizar es el ejemplo más relevante), hasta los que, conscientes de sus limitaciones, optaban por el premio mediante una fórmula sencilla que consistía en ser lo más soso y apático posible: apartarse de cualquier pelea, dar imagen de buena persona y no hacerse notar demasiado (con lo que se llegó a aberraciones como el insufrible gallego Javito).
Desde la primera edición, los ganadores siguieron fielmente estos moldes: Ismael, Sabrina, Javito, etc. son ejemplos de ganadores insulsos e inmerecidos, a los que la gente votaba porque, de manera sorprendente, el concepto de "buen concursante" se confundía con el de "más discreto". Pero no tan sorprendentemente. La típica hipocresía televisiva y el gregarismo de los espectadores llevaban directamente a considerar malicioso a todo aquel que hacía cábalas en torno a las nominaciones, a ser un "jugador" y, por lo tanto, un falso. Aquí es donde entra en juego el mito del yo voy siempre de cara y de frente (curiosa construcción, equivalente a "yo siempre miro arriba y hacia la parte superior" o "yo siempre bajo y desciendo"). Quien pronuncie esta frase, y como cualquier otro, hablará mal de los demás a sus espaldas y será bocazas y mentiroso por conveniencia, pero intentará salvarse a ojos de los espectadores con esas palabras comodín. El público valora a las personas "auténticas y sinceras" y no gana quien mejor juega, sino el que mejor convive, el más compañero, el más guay... el que menos se le nota que también juega.
Afortunadamente, toda esta hipocresía del "yo no juego, vivo la experiencia" ha cambiado con esta edición. Antes, los "jugadores" se cortaban y el concurso terminaba siendo una pandilla de gañanes pasando las horas muertas en la piscina y sacándose mocos. Pero cuando Gran Hermano estaba a punto de condenarse a repetirse eternamente hasta que no lo viera nadie, ha aparecido el mejor de los concursantes, Pepe, que ha reconvertido totalmente el concurso hasta transformarlo en algo nuevo. Su sinceridad desde el principio al afirmar que es un jugador (nada que ver con quienes juegan igual pero van de "amigos"), demostrando continuamente que esto no está reñido con el compañerismo ni con los modales, ha suscitado un interesante escenario. El programa ya no es unas colonias de verano para niños aburridos, sino toda una guerra, con sus estrategias y movimientos, un juego apasionante y con espectáculo que merece la pena seguir semana tras semana.
Pepe ha topado con el resto de los concursantes que querían seguir viviendo del "compañerismo" y el "buen rollo", pero su inteligente discurso, inédito hasta ahora en cualquier edición del programa, ha sido asimilado por el público. Es un excelente jugador y, a diferencia del resto (salvo Dayron, cuya inteligencia le ha alcanzado para cobijarse junto al mejor árbol), es perfectamente consciente de lo que está ocurriendo, de lo que tiene que hacer para ganar. Su lucha es la historia eterna de la sinceridad contra la hipocresía que, en este caso, no alcanza a comprender las dimensiones del asunto y se contenta con nominarlo semana tras semana, confiados en que su "buenrollismo" terminará victorioso, ciegos en su estrategia conservadora e incómodos ante esa nueva forma de jugar. |